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AMOR POR LA BASURA. Por Carlos Tapia

CARLOS TAPIA (Uruguay) Soy periodista. Estoy a cargo de la sección Internacional del diario El País, de Uruguay. Antes, en este mismo medio, trabajé como periodista del Suplemento Domingo y de Internacional. Fui editor de la revista cultural El Boulevard en sus dos versiones (papel y digital). También hice, junto con otros profesionales, la investigación periodística para la realización de la página web http://www.dramaturgiauruguaya.gub.uy, del Ministerio de Educación y Cultura (MEC). Y fui conductor y productor, junto con otros profesionales, de programas de radio que se emitieron por la emisora de la Universidad de la República y otras radios en Internet. Estudié en la escuela de Comunicación Social de la Universidad del Trabajo del Uruguay (UTU). Fuera del periodismo estoy recibido de luthiere (construcción de instrumentos de cuerda), diseñador gráfico y curso el último año de la Escuela del Actor (teatro). También estudié música durante varios años.

 

 AMOR POR LA BASURA

Una historia donde los desechos se transforman en lo más importante. 

Trabajo final de Carlos Tapia

A toda velocidad. Los ratones están como locos. El piso está copado por la inmundicia y ellos corren sobre ella. Buscan salvar sus vidas. Son dos. Se cuelan entre las piernas de los funcionarios municipales que limpian el desastre. Después que bajan el primer escalón se pierden de vista. Es el octavo piso de uno de los edificios del complejo de viviendas en el barrio montevideano de Parque Posadas. El equipo de la Intendencia Municipal de Montevideo asea el apartamento que parece una pocilga. Es que la propietaria y su hijo, que fueron retirados del lugar por orden judicial, y llevados al Hospital Vilardebó (el manicomio público), no sacan la basura desde hace 15 años.

La Defensoría del Vecino recibe dos denuncias por semana de personas desesperadas. Cansadas del insoportable olor y del sinfín de insectos y roedores que atraen estos basurales domésticos. La comunidad científica llama al trastorno que lleva a esta acumulación de residuos Síndrome de Diógenes, mismo nombre del mugriento filósofo griego discípulo de Antístenis, éste a su vez pupilo de Sócrates. Lo definen como una “conducta de aislamiento, con ruptura de las relaciones sociales, negligencia de las necesidades de higiene personal y ambiental, reclusión domiciliaria, rechazo a las ayudas familiares y negación de la situación”. Los vecinos, como es el caso de Lorena, que vive frente a la sucia vivienda, se limitan a catalogar el mal como una “pesadilla asquerosa”.

“Hace ya diez años que vivo aquí. Me mudé sin conocer esta realidad, pero luego empecé a ver el estado de mis compañeros de piso. Lo primero que noté fue la violencia doméstica y los papeles que quedaban en el palier. En esos años tuve a mi primer bebé y me dio miedo enfrentar la situación, que cada vez se hizo más insoportable”, relata la vecina, que insiste en mostrar su apartamento, idéntico al que está a menos de un metro, pero éste con una limpieza resplandeciente.

“En varias oportunidades intentamos venderlo, pero fue imposible. Algunos se muestran entusiasmados, pero esta situación, que no nos gusta ocultar, espanta a los posibles compradores”, agrega Lorena.

Produce arcadas tan sólo ver la vivienda de enfrente. Al ingresar a ella es imposible posar un solo pie en una superficie plana. Pese a los kilos de basura que se fueron por el ascensor, en gigantescas bolsas, el piso continúa repleto de residuos de todo tipo. Los artefactos del baño están destruidos. Quienes padecen esta enfermedad suelen defecar y orinar en cualquier parte. La cocina también está inutilizable. Y los dos dormitorios, que se ven desde el comedor y todavía no comenzaron a ser aseados, tienen montañas de bolsas que superan el metro. Pese a que el apartamento fue fumigado con anterioridad, aún hay roedores e insectos. Las ratas están encariñadas con el lugar, pues la propietaria solía darles de comer. Seguro que no se trata de una mujer rencorosa, pues éstas la mordieron varias veces. Respirar es asqueroso.

“Son múltiples las patologías psiquiátricas que pueden llevar a la acumulación de basura y/o animales. Estas personas pierden conciencia de cuáles son las cosas que tienen utilidad para la vida cotidiana y cuáles no”, señala la psiquiatra Graciela Alfonso.

La especialista, que atendió numerosos casos de Diógenes, advierte que, quienes lo padecen, como no tienen conciencia de la enfermedad, nunca comunican porqué y de qué manera comenzaron a juntar basura. “Para ellos es algo normal, consideran que lo hacen por una utilidad personal”, agrega.

Las denuncias de vecinos se multiplican cada año. Esta proliferación de casos llevó a que el Ministerio de Salud Pública resolviera, en 2007, la creación de una comisión multidisciplinaria para atender los reclamos. La misma está integrada por el propio Ministerio, la Administración de Servicios de Salud del Estado, Facultad de Medicina, Inspector del Psicópata, Poder Judicial, el Vilardebó, la Defensoría del Vecino y el Departamento de Desarrollo Social y la División Salud de la Intendencia Municipal de Montevideo.

Fue el 6 de diciembre de 2006, a menos de una semana de que comenzaran a trabajar, que la Defensoría del Vecino recibió la misteriosa llamada telefónica. Era una mujer indignada. Denunciaba que la Intendencia de Montevideo había ingresado a su propiedad y robado una gran cantidad de objetos. El defensor del vecino, Fernando Rodríguez, se prestó investigar el caso. Ahora recuerda: “Cuando llegamos a Salubridad de la comuna nos encontramos con la documentación del operativo. Lo que la Intendencia había retirado de la casa de esta mujer eran kilos y kilos de basura. La comuna respondió a una orden judicial que llamaba a erradicar un fuerte foco de contaminación, ubicado dentro de un apartamento en una zona híper urbanizada de Montevideo”.

Es que para el Diógenes no hay zonas ni estratos sociales. “Conocemos casos de personas con un desarrollo intelectual muy importante y con grandes posibilidades económicas, como también se dan casos en gente con pobreza extrema”, añade Rodríguez.

Pocas semanas antes del allanamiento en el apartamento del barrio de Parque Posadas, una vecina, en el primer piso, corrió una maceta de su terraza y descubrió seis ratones. El edificio está minado de roedores y la comuna ya ordenó una fumigación. Hasta que estos poco simpáticos cuadrúpedos aparecen, que lo suelen hacer junto a los insectos y el olor inaguantable, es casi imposible detectar lo que sucede. “Cuando hacen la denuncia ya hay muchas toneladas de basura. Es necesario buscar métodos para que el vecino tenga una mirada especializada sobre el tema. En eso es que estamos trabajando en la comisión”, sostiene el defensor del vecino.

Pero no alcanza con detectar el problema, pues, luego, hay que pasar por un proceso burocrático administrativo antes de que se realice el allanamiento. Cuando un vecino se dirige a la Defensoría, suele ser porque no recibió una rápida respuesta desde la IMM, donde denunció el caso en un principio.

Una vez que el trámite se puso en funcionamiento tiene varias y reiterativas etapas. Luego que la comuna reacciona se realiza una intimación con un plazo de 30 días; al no recibir respuesta se hace otra, pasado este lapso se envía un cedulón con una multa y se extiende el plazo otra vez, si no hay respuesta el Poder Judicial ordena allanar el domicilio. Primero se retira, con la presencia de un psiquiatra, la persona que reside en la vivienda, que en muchos casos es trasladada al Hospital Vilardebó; luego se hace la fumigación y recién después se realiza el operativo de limpieza, en el que participan, al menos, ocho funcionarios de la comuna, cuatro de Salud Pública y un escribano. En algunos casos, desde el día de la denuncia hasta el del allanamiento, llegan a pasar más de dos años.

“Este proceso lleva su tiempo, son pasos administrativos que tenemos que cumplir. Además, luego que llega la orden para realizar el allanamiento hay que coordinarlo con la gente de limpieza, porque quienes hacen estos trabajos son los mismos que se dedican a las playas”, dice la directora interina del Servicio de Salubridad de la Intendencia, Beatriz Mato. La funcionaria, que dirige el operativo que se realiza en Parque Posadas, habla desde las afueras del edificio, donde debió salir a tomar un poco de aire acechada por el fuerte olor. Limpiezas como éstas cuestan a la comuna unos 350.000 pesos.

El operativo terminó. Sin embargo, a Lorena la invade el temor a que todo vuelva a empezar. “Tengo hora con el dermatólogo porque mi hija de seis años tiene un sarpullido que podría ser sarna. La verdad, espero que mis vecinos no regresen”, señala. Los acumuladores de residuos fueron dados de alta por el Vilardebó y están alojados en la casa de un familiar que espera que puedan volver pronto a su vivienda, pues en la de él ya comenzaron a juntar basura.

* La nota además fue publicada por el diario El País de Montevideo.

 

EXPERIENCIA ASTRAL. Por Izaskun Esquinca

IZASKUN ESQUINCA (México) Es un apasionado de los medios de comunicación, ha trabajado en radio para Monitor y Grupo Formula. En el mundo editorial ha escrito sobre estilo de vida, arte, arquitectura y gastronomía. Actualmente se dedica a escribir sobre el mundo de la relojería para la revista Revolution México.

 

 

 

 

 

EXPERIENCIA ASTRAL

La experiencia de un mexicano de visita en el Observatorio Europeo Austral en Atacama, Chile. Para descubrir como se ven en verdad las estrellas y experimentar un día en la vida de un astrónomo.

Trabajo final de Izaskun Esquinca

 

 

Ellos no ven las estrellas como nosotros. Además de los astrónomos pocas son las personas que pueden tener acceso a un observatorio profesional. Nuestro destino está a tres horas en avión, aunque no existen vuelos regulares al desierto de San Pedro de Atacama, la segunda región de Chile. Comienza a parecer extraño que un lugar donde hay tanta tecnología se encuentre tan lejos, 630 kilómetros de Santiago de Chile, además que no existan lugares de hospedaje más allá del complejo que nos recibirá. Estamos por visitar un lugar restringido, ya que días antes de ingresar al lugar, nos han enviado información para saber quiénes somos y como debemos comportarnos. Es un asunto serio. Estamos por aterrizar en el Observatorio Europeo Austral, mejor conocido por sus siglas en ingles como ESO, que además opera dos telescopios más en Chajnantor y La Silla, también en el desierto de Atacama. Nosotros visitaremos el que se encuentra en el cerro del Paranal, pero para eso tendremos que esperar algunas horas. Ya deseamos ver de primera mano las estrellas.

Al descender del avión un Dormier 228-202 de Aerocardal, las gorras que portamos vuelan bruscamente, -los vientos en esta zona son bastante fuertes- nos dice uno de los representantes del ESO que nos da la bienvenida y agrega
-sujétenlas con fuerza, la mía se la llevo el viento ayer-. El terreno de Atacama va más allá de cualquier otro desierto que se pueda imaginar, es parecido a la superficie del planeta Marte sólo que en este caso esta bañado de color café, el paisaje es extraterrestre y no se compara con algún otro espacio desértico en el mundo. Rocas y montículos de arena es lo que se puede apreciar en cualquier dirección. Un hombre con cabello cano que cubre con una gorra negra y viste unos pantalones de mezclilla deslavados acompañados por una playera a cuadros roja se acerca para guiarnos a las camionetas que nos llevaran al complejo de habitaciones del observatorio. -Son unos dos kilómetros, suban- nos dice imperativamente en idioma inglés con un extraño acento.

Nuestra próxima parada es conocer el lugar dónde los astrónomos duermen. Para sorpresa descubrimos que el acceso al complejo de habitaciones se hace por una rampa que desciende bajo tierra, el hombre de cabello cano y gorra negra nos guía por el camino que comienza a curvarse. -!Es hermoso-, dice al tiempo que señala el centro del edificio donde se encuentran flores, arbustos y un par de arboles, es un pequeño invernadero. -Al ser desierto y existir muy poca humedad en el ambiente es necesario generarla- agrega mientras se presenta: “Hola soy Massimo Tarenghi, representante de la ESO en Chile”. Italiano de nacimiento pero dedicado a la investigación astronómica en el Paranal. Hace 14 años fue director del ESO y fue el encargado de la construcción del complejo habitacional llamado La Residencia y el observatorio que tiene los VLT (Very Large Telescope) de 8.2 metros de diámetro y que noche a noche escudriñan los cielos del hemisferio austral

Massimo es un hombre sencillo y carismático que hace bromas sobre las cosas que pueden ocurrir si llegase a suceder un sismo en La Residencia. -No teman aquí no pasaría nada, este edificio fue diseñado para resistir, cada ladrillo tiene una capa plástica que hace que la estructura se desplace sobre sí misma-. Nos conduce al exterior de las habitaciones para explicarnos que la luz no debe salir nunca del complejo habitacional ya que cualquier mínima luminosidad afecta las lecturas de los telescopios. Por ello la zona donde se localiza el invernadero, y que necesita mucha luz por el día, por las noches se cubre por una enorme sombrilla que asegura que la luz no saldrá al exterior. Para tener un poco más clara la apariencia sobre como luce el complejo de dormitorios de los astrónomos hay que mencionar que fue escenario para la filmación de la película Quantum of Solace del 2008 donde James Bond interpretado por Daniel Craig, salta vertiginosamente sobre una de las habitaciones de la “La Residencia”.

La distancia entre el ESO y las ciudades más cercanas, en este caso Santiago o Antofagasta, se encuentran a unas 10 u 3 horas respectivamente, pero contrario a lo que se podría pensar, no es un prisión científica, los astrónomos no tienen ningún tipo de carencia en cuanto a alimentos, agua e incluso entretenimiento, hay mesas de billar en una parte del complejo, televisión por cable e internet inalámbrico. Todo esta perfectamente planeado para tenerse a la menor necesidad. Incluso hay un área de gimnasio, médico e incluso un pequeño equipo para incendios. Uno de nuestros colegas periodistas confirmo la eficacia de las provisiones del ESO, al darse cuenta de que tres de sus baterías AAA se habían terminado a lo que acudió a una de las asistentes del ESO que en pocos minutos lo surtió con las baterías necesarias.

Un fenómeno atmosférico conocido como la camanchaca es el culpable de que el Observatorio Europeo Austral se encuentre donde ahora está y es que la posición geográfica del ESO no es una casualidad. Las corrientes tanto frías y calientes chocan entre si para formar una capa de nubes que se forma al nivel del mar, lo que provoca muy poca humedad en la zona permitiendo que los cielos estén sumamente despejados y por consecuencia una perfecta utilización de los instrumentos ópticos para la visibilidad de las estrellas.

Las camionetas que nos recogieron apenas descendimos de los aviones ya nos esperaban para, finalmente, trasladarnos a lo alto del cerro del Paranal. Se nos entregaron cascos, de esos que utilizan los trabajadores de la construcción, con la diferencia que estos eran blancos con las siglas ESO y estrellas en color azul. Una vez arriba de las camionetas apenas transcurrieron 8 minutos para toparnos frente a frente con las gigantescas estructuras que vigilan las estrellas. El viento nuevamente hacia de las suyas, esta vez las victimas eran los cascos y lentes que volaban sin ton ni son. Todos se llevaban las manos a la cabeza para evitar perder el casco, que al final del recorrido debemos devolver. Los Very Large Telescope son cuatro grandes estructuras colocadas alrededor del cerro, que tienen la altura de un edificio de departamentos de unos 4 pisos. Aun desconocíamos si podríamos visitar el interior. Nuestro recorrido continuaba al tiempo que el sol comenzaba a ocultarse, el atardecer estaba sucediendo. Es claro que en esta región austral, este fenómeno es mucho más impresionante que el que se puede apreciar comúnmente en cualquier playa. El ritmo en que se oculta el Sol es más lento de lo normal y los rayos de luz crean una gama de colores azul y rojo pastel, era como ver uno de los cielos de algún cuadro de Van Gohg, el viento se intensificaba y comenzaban a aparecer los gorros sobre los cascos para contrarrestar el frío. Aun ya con el Sol oculto, los colores pastel permanecieron unos 20 minutos más. La oscuridad llegaba y el reloj apenas marcaba las 6:35 de la tarde.

Es como una pequeña fábrica. Un VLT nos dio el refugio necesario para el frío que aumentaba. Ya en el interior uno de los astrofísicos del ESO nos mostraba las instalaciones. Una estructura circular flanquea el telescopio que por dimensiones, no tiene nada que ver con los que vemos comúnmente, este mide 8.2 metros de diámetro. El astrofísico que nos guiaba dentro del telescopio nos comenta: -durante el día hay un par de personas trabajando mientras que por la noche no debe haber nadie dentro del telescopio, es peligroso- El telescopio esta dentro de una estructura giratoria y si alguien llegara a estar al momento en que el telescopio esta rotando tendría un serio problema-. Y es que debido a que no debe existir ninguna emisión de luz, no se pueden usar ni una lámpara de mano dentro del telescopio, es evidente que los accidentes ocurrirían.

Como si se tratase de una nave espacial, las compuertas que permiten al telescopio observar el cielo se abrieron. Muy lentamente podíamos ver el exterior, el lente de 8.2 metros se movía de manera sigilosa, como si no deseara que lo viéramos. Logró la posición deseada y comenzó a cerrarse de nuevo. -es solo una prueba- dijo el astrofísico que más bien lucia como un militar de la época dorada cubana, al portar una casaca verde y gorra del mismo color.

El ESO es reconocido por ser el observatorio terrestre más productivo del mundo. Fue el primero en difundir la primera imagen de un planeta extrasolar. Sin embargo aun nosotros no teníamos la posibilidad de conocer el poderío de esta máquina celeste. -Esa máquina de ahí fabrica estrellas- dijo el astrofísico.- Es un láser que proyectamos durante las noches para poder calibrar el enfoque del lente del telescopio- agrego. Nos miramos un poco sorprendido por toda la información que llevábamos hasta ese momento pero aun sin ver rastro de los principales protagonistas de las historia, los astros.

Finalmente llegó el turno de entrar al área de control de los telescopios. Este espacio está localizado en la parte baja del telescopio. Antes de entrar la imaginación vuela. Uno piensa que quizás se encontraran pantallas gigantes donde se desplegara el universo frente a nuestras narices como en las películas dónde se sigue el curso del asteroide que acabará con la humanidad o quizás menos arriesgado las imágenes que nos muestran los canales de ciencia de la televisión de paga. Sin embargo la sorpresa es que al entrar al lugar los astrónomos están sentados en cubículos muy oficinistas, eso sí, con más espacio que una oficina de burócrata común. Nos paseamos por los pasillos de los cubículos y ninguno de los ahí presentes, al parecer, capta nuestra presencia. Hasta que nos acercamos a uno de los escritorios. Dos mujeres, que visten informalmente, no paran de ver los números que aparecen en sus monitores, al parecer están asombradas sobre lo que está sucediendo antes sus ojos, aunque nosotros no entendemos nada, continuamos sin ver espectaculares estrellas o nebulosas, o al menos eso es lo que creemos. Una de las mujeres se percata de nuestra existencia, sin presentarse formalmente comienza a platicarnos sobre lo que ellas hacen ahí. –Nosotras estamos a cargo de un proyecto para observar una zona específica del universo- Mientras la otra mujer se acerca a una de las pantallas que hay en su lado derecho, ahí se deja ver unas tablas numeradas y un cuadro donde se nota una figura pixeleada donde resalta un color amarillo. –¿Eso es una estrella?- alguien del fondo pregunta a lo que la mujer en ingles dice: -yes-. Todos nos miramos, nuestras dudas comienzan a perforar nuestra mente. Cada uno con las propias. La mujer continua explicando:-aquí evaluamos la química, es decir la estructura de las estrellas para saber de que están hechas- me alejo un poco para observar uno de los posters de una nebulosa, mientras Valentina guía para el ESO de prensa se acerca a mí y me cuestiona:-¿tienes alguna duda?. Es claro que notó mi sorpresa por no encontrar las estrellas que buscaba. A lo que le comento: -no entiendo, dónde están esas imágenes que vemos en las fotos o en los periódicos- a lo que Valentina explica: -Eso que tú ves es el trabajo de interpretación de las estrellas, es decir los astrónomos evalúan poco a poco las estructura química y física de la estrella para poder lograr una idea clara de la estrella, no significa que eso que tú ves no exista, significa que es una interpretación de cómo es la estrella-. Nota que no me ha convencido e insiste nuevamente:- Todo eso que está afuera existe, lo que sucede es que, una vez que se captura la información del objeto se obtiene una imagen que sirve para afinarla y detallarla, es de esa manera que se presenta al público en general. Si tú tienes la posibilidad de asistir a un congreso de astrónomos te darás cuenta de que ahí lo que importa son los números, ahí veras tablas e imágenes “pixeleadas” como tú dices que son las estrellas en verdad-.

Sorprendido por la notica de que las estrellas no son como las he imaginado desde mi niñez, me alejo discretamente de Valentina para continuar observando lo poco que se nos permite. Tiene razón en todas pantallas de los astrónomos sólo hay números y pixeles. Es claro que los astrónomos ven las estrellas de una manera muy diferente a como nosotros románticamente las hemos comprendiendo. Sin embargo ellos no dejan de asombrarse por lo que descubren día a día.

La visita al ESO comienza a menguar, salimos del centro de mando de los famosos telescopios VLT para atestiguar el verdadero espectáculo, las estrellas, tal como se han imaginado aparecen en el cielo chileno. La Vía Lactea, Orion y cúmulos de estrellas se ven claramente y a simple vista, gracias al fenómeno de la camanchaca. Son tantos los cuerpos celestes que se pueden observar que algunos de los asistentes, se cuestionan si son nubes lo que rodea a algunas estrellas. A lo que uno de los expertos comenta: -En esta zona no hay nubes, son estrellas, sólo estrellas-. Es impresionante ver estos cuerpos celestes, ya que en la Ciudad de México no se tiene la oportunidad de ver semejante espectáculo. Massimo Tarenghi aparece de nuevo y con una poderosa cámara Cannon que apunta al cielo para tomar unas cuantas instantáneas de la Vía Láctea o la constelación de Piscis para agregar a su colección personal de fotografías estelares.

Los organizadores han colocado fuera del centro de control telescopios convencionales para que podamos observar de primera mano y de esa manera tan romántica como se hizo en el siglo XVI. A través de un telescopio confirmábamos la existencia de las tan ansiadas estrellas que bajo ese lente parecían estar a unos pocos kilómetros pero en realidad están tan lejos de nuestro alcance. Guiados por un experto, poco a poco fuimos observando y localizando constelaciones, mismas que nos maravillaban. Por fin las habíamos encontrado estaban ahí para nosotros y confirmar que no importa que forma tengan, de que estén hechas o quien las haya encontrado, sólo son estrellas que nacen, permanecen y mueren con la misma rapidez que se extingue el ser humano en la búsqueda infinita por entender como son las estrellas.

 

 

 

EL “DIEGO” QUE HIZO CRECER A MESSI. Por María Julia Andrés

MARÍA JULIA ANDRES (Argentina) nació en Pergamino, provincia de Buenos Aires, en 1986. En el año 2004 se trasladó a la ciudad de Rosario e ingresó en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Nacional de Rosario. Se graduó en el año 2009 y actualmente está preparando su tesina final para obtener el título de Licenciada en Comunicación Social. Algunos de sus escritos se encuentran publicados en su blog florecerdelupines.blogspot.com

 

 

 

EL DIEGO QUE HIZO CRECER A MESSI

Diego Schwarsztein es médico endocrinólogo y las hormonas de crecimiento fueron quienes le presentaron al diminuto Lionel Messi. Juntos dieron los primeros pasos del camino que llevaría a transformar a aquel niño en un gigante.

Trabajo final de María Julia Andrés

Es un médico de una vasta trayectoria. En la actualidad, tiene alrededor de doce pacientes que lo visitan frecuentemente para llevar adelante el tratamiento que les concederá centímetros. En los últimos quince años tuvo aproximadamente cincuenta o sesenta, sin embargo, según su criterio, algunos son bastante pata duras. Diego Schwarsztein vivió un tiempo en Barcelona pero decidió envejecer en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, Argentina. El mismo año de la llegada al mundo del actual Mesías del fútbol, Diego recibió su diploma en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario, en 1987. Cuando ya estaban por cumplirse veinticuatro meses de la estadía de Lionel Messi en el mundo, Diego tomaba su avión rumbo a Barcelona en 1989, para realizar allí su especialidad. El encuentro se postergaría hasta su regreso.

Su consultorio actual no es el mismo en el que se conocieron. Me encontré con Diego en el CIR (Consultorios Integrados de Rosario). El lugar es muy moderno. Al llegar al edificio la puerta corrediza me da paso y el ascensor hermético y metálico me abre luego sus puertas para llevarme al segundo piso. Al bajar me encuentro con una joven y morocha secretaria que tiene un auricular en su oído izquierdo, similar al que utilizan los telemarketers, y será quién le anuncie mi llegada al doctor.

Diego luce una camisa clara y es muy expresivo con sus gestos. Me recibe amablemente y mientras se dirige al sillón de su escritorio me invita a tomar asiento para iniciar juntos un paseo a través del tiempo. Lo conoció a Lionel cuando tenía nueve años y nunca imaginó a quien tenía adelante. Era uno más entre los tantos niños que atendía. En ese momento Lionel lo miraba desde abajo, seguramente con admiración por tratarse del médico que lo ayudaría a ser más alto y a seguir jugando con su pelota. Hoy Diego es quien mira a Leo con orgullo.

– En algún momento él me miraba y decía ‘este es el médico que me ayuda a crecer’ y seguramente me miraba para arriba y yo era como una imagen muy fuerte para él. Y hoy yo lo miro y digo ‘y este es el mejor jugador del mundo’.

El médico que hizo crecer a Messi mide un centímetro más que el 10 del Barcelona. Nunca trabajó para Newell’s Old Boys (NOB), club que derivaría a Lionel al especialista, pero como siempre estuvo cerca de la institución trató de ayudar en todo lo que podía. Fue así que en 1997 recibió un llamado que dejaría para siempre una marca en su vida.

–Queremos que veas a un chico que es muy chiquitito pero es un crack, necesitamos que crezca- le dijeron y lo mandaron.

Si bien la entidad cuenta con médicos deportólogos y traumatólogos, suelen derivar a ciertos jugadores a especialistas de confianza cuando se trata de algún problema que no pueden resolver. Diego atiende cotidianamente a muchos niños y, en divisiones inferiores, es frecuente que uno de los motivos de consulta con el endocrinólogo sea por talla baja. Es frecuente también, que uno de los requisitos para ingresar al club sea la talla alta.

-¿Fue usted quién descubrió el problema hormonal o ya se había atendido anteriormente con otro médico?

-No, fue el primer contacto. En realidad los padres estaban un poco preocupados por el tema de la talla baja pero no habían hecho consultas todavía.

***

La causa del problema de crecimiento de Lionel era precisamente un déficit de la hormona de crecimiento. Para poder afrontar este trastorno, el pequeño debía implementar un tratamiento que consistía en inyectarse las hormonas que su hipófisis no producía. De no aplicarse esas hormonas Messi no hubiese sufrido ninguna consecuencia a nivel orgánico más que la baja estatura.

Mientras me explica, el doctor abre un cajón de su amplio y ordenado escritorio y me muestra algo que, en primera instancia, supongo que es un fibrón por su color llamativo. Extiende su mano para que lo pueda observar con detenimiento y comienza a explicarme la función de aquel elemento:

-Es un lápiz que en vez de tener tinta tiene hormona de crecimiento, en vez de tener lapicera tiene una aguja. Entonces, primero se carga la dosis, tiene un regulador, se pincha, la aguja puede estar tapada, está efectivamente tapada… bueno se pincha y cuando pinchas…

-¿Y esto se hace todos los días?

-Todos los días

-¿Y el tiempo de duración del tratamiento es según el caso?

-El tiempo es hasta que termina el período de crecimiento, entre los 15 y los 17 años.

La jeringa que acabo de ver es idéntica a la que utilizaba aquel niño que soñaba ser grande. O quizá aquel niño al que le habían contado que debía ser grande para alcanzar su sueño. “Leo siempre fue un chico muy dócil”, así lo recuerda Diego. No cualquier niño acepta el tratamiento como él lo aceptó. No renegaba contra lo que debía soportar y llegaba al consultorio acompañado por la mamá, por el papá o por los dos. Se destacaba como un buen jugador a los nueve años y sin embargo debió padecer un pinchazo por día, durante mucho tiempo, para ser reconocido.

– Él siempre fue un enfermo del fútbol y su única preocupación era si iba a crecer lo suficiente para jugar al fútbol, pero ni él, ni yo, ni su familia, ni nadie, ni sus entrenadores, ni nadie, más allá de que se destacaba como un buen jugador, se imaginaba este presente.

Diego es locuaz y, además de ser un médico reconocido en la ciudad, es también un buen actor a la hora de poner en escena distintas situaciones, claro que nada tiene que ver esto con la ficción, lo que pone en escena son simulaciones de las conversaciones cotidianas que tenía con su paciente. La pasión por el fútbol que compartían Lionel y Diego les permitió generar una relación empática y la pelota era el tema que les permitía romper el hielo.

-Yo quiero jugar al fútbol.

-Bueno Leo ya vas a crecer… Vas a ser más alto que yo.

-Yo quiero jugar al fútbol.

-Quedate tranquilo, vas a ser más alto que Maradona. Si Maradona pudo jugar vos vas a poder, no se si vas a ser mejor pero vas a ser más alto.

Aquellas palabras de aliento, vistas a la distancia, tomarían carácter de profecía:

-No se si es mejor que Maradona, pero más alto es.

Maradona mide 167 centímetros y Messi 169. Leo quería jugar al fútbol. Pero al doctor lo habían llamado porque ese crack debía crecer. ¿Para ser grande hay que crecer? Al plantearme este interrogante entro en contradicción y recuerdo las palabras de Roberto Mensi, un miembro del Departamento de Futbol Amateur del Club Atlético Newell’s Old Boys, quién al preguntarle si un buen jugador de baja estatura puede jugar al fútbol, me respondió:

-Sin dudas que puede jugar, solo tendrá que resaltar su juego con otras virtudes. El entrenador debe encontrar el puesto acorde para que este chico desarrolle su juego. Obviamente no vas a poner a un “bajito” a atajar o que se destaque en el cabezazo. Debe ser rodeado dentro de un equipo, donde la altura no sea un riesgo para el conjunto.

***

Si Lionel hubiese soñado ser bombero o ingeniero, Diego le habría indicado el mismo tratamiento, aunque si Lionel hubiese soñado ser bombero o ingeniero tal vez no hubiese conocido a Diego. Muchos atribuyen el éxito actual de Messi a las inyecciones que debía aplicarse para poder crecer.

-Yo tengo mi hijo que tiene 17 años, así que cuando yo le di este tratamiento a Leo en el ’97, hace 14 años, mi hijo tenía 3. Si darle este tratamiento a un chico lo transforma en el mejor jugador del mundo se lo hubiera dado a mi hijo, no a Leo.

El hijo de Diego no es el 10 del Barcelona y, como casi todos los argentinos, juega al fútbol con sus amigos en los ratos libres. Por supuesto que las inyecciones no constituyen ninguna pócima mágica. Es necesario contar con la pasión, la vocación y sobre todo con la destreza para poder vivir pateando la pelota. Muchas personas tuvieron la suerte de que la naturaleza les regalara 170 centímetros aunque si se les pregunta que forma tiene un balón contestan que se trata de un cuadrado. Pero al parecer, si bien es necesario, el talento aún no es suficiente. En occidente, las mujeres para ser bellas deben ser, no solo inteligentes, sino altas, rubias y de ojos celestes, o morochas de ojos verdes, siempre dentro de los parámetros 90-60-90. Son los cánones actuales de la belleza. De manera similar ocurre con los futbolistas quienes, no solo deben ser un crack, sino que además la norma dice que sin altura no llegas. El futbol de hoy pide jugadores altos, con buena presencia, buen físico pero que tengan buenos movimientos técnicos. Son los cánones del fútbol.

-A la hora de seleccionar un jugador principalmente se tienen en cuenta sus cualidades técnicas, luego sus aptitudes físicas y por último, se realiza un trabajo de investigación de la situación social del chico.

Eso es lo que me cuenta Roberto Mensi en el predio de las inferiores de NOB y pienso que atrás de esa norma fue Messi y cruzó el continente para alcanzarla. Quería volver realidad su sueño, pero para eso debía cumplir la regla.

Por su experiencia en el exterior Diego sabe que es muy difícil vivir en un lugar que no es el lugar de uno, y Messi estuvo dispuesto a soportarlo. Pasó por el dolor físico y por el malestar psicológico antes de llegar a ser el más grande. Diego me lo explica con fervor, por haber sido testigo de las circunstancias que invadieron a Lionel desde pequeño:

-Su magnífico talento, capacidad futbolística y perseverancia, porque me consta, lo conozco bien, lo pasó mal cuando se fue a España y se bancó cosas que por ahí otro chico no se hubiera bancado, no tiene absolutamente nada que ver con el tratamiento, sino, insisto, estaría buenísimo, yo cobraría una fortuna por darle estas inyecciones a alguien que quiera ser el mejor jugador del mundo dentro de los próximos siete, ocho años.

¿Por qué para volar alto hay que ser alto? Quizá se preguntaba Lionel, una y otra vez, por las noches de Barcelona. Y tal vez se pregunte hoy qué hubiese sido de su destino si no lo conocía a Diego, si optaba por transgredir la norma.

– Uno labura por la guita, uno trabaja porque quieren que le paguen, pero siempre es una satisfacción que el laburo salga bien. Me imagino que le pasa al arquitecto cuando le sale linda la casa, que le pasa al periodista cuando lee la nota y dice que buena nota que escribí y me pasa a mi cuando los tratamientos funcionan bien. Da mucha satisfacción el éxito del tratamiento en cualquier chico y, cuando además este chico se transforma en el mejor jugador del mundo, uno dice… ‘y mirá… un granito de arena, así chiquitito, yo aporté. Capaz que si yo no lo hubiera puesto este pibe no era el mejor jugador del mundo.’

Ocurrió que Lionel no era un chico más, era un crack derivado al endocrinólogo por el club en el que jugaba. Necesitaba correr tras sus centímetros tal como lo hacía con la pelota. Los alcanzó. De no haberlos obtenido, la pelota le podría haber quedado lejos. Entre el talento y los sueños… están las reglas.

ASÍ SE TERMINA TODO. Por Aura López

AURA LÓPEZ (México) Curiosa y existencialista Siempre ha vivido en la Ciudad de México, es egresada de la carrera de Comunicación de la Universidad Iberoamericana y actualmente funge como Coordinadora Editorial de Tecnología para Grupo Expansión.

 

 

 

ASÍ ES COMO TERMINA

Nadie habla de la muerte pero vivimos con ella. Esto no es un texto de narcotráfico. Es un relato sobre dejar el entumecimiento citadino y explorar la tradición del Día de Muertos.

Por Aura López

 

 

A mí nadie me lo dijo. ¿Cómo iba yo a saber que en México, los restos de prestigiados artistas, escritores y políticos, que pusieron en alto el nombre de mi país, yacen en un panteón por el que paso todos los días cuando voy al trabajo? Pues bien, mi ignorancia y mi orgullo me llevaron a conocer el lugar cuando se festejaba el tradicional Día de muertos o como yo lo llamo: la paradoja mexicana. Dicen que a nosotros, los mexicanos, nos gusta reírnos de la muerte pero yo creo que Ella se burló de mí cuando me vio entrar a uno de sus panteones, (en este caso el que se llama “Dolores”). En mi vida había pisado uno en este día y la imagen que tenía en la cabeza era la que había visto en la televisión de mi infancia: un panteón atiborrado de gente, con las manos llenas de flores de Cempasúchil (flor tupida semejante a un clavel pero de pétalos gruesos, mayor tamaño y colores naranja o magenta), veladoras encendidas y enfilándose, a manera de peregrinación, hasta la tumba de sus difuntos; pero la tradición de origen prehispánico que visualizaba se desvanecía mientras caminaba hacia una carroza negra de los años 50, ubicada, como si fuera una pieza de colección, en el centro del patio y de la que sobresalía la insignia “J. García López Funerarias”. No dejé de pensar que el mismísimo Batman se quedaría boquiabierto, como yo, porque aquel vehículo, que traslada tu cuerpo de la morgue a la funeraria (en la que te quitarán los órganos o embalsarán y te meterán en una caja para que seas velado durante horas con rosarios, pésames a tus familiares y plegarias para que te sientes al lado del “Señor”, para después ser trasladado hacia la cremación o la tumba) pudiera causar el mismo revuelo que el Batimóvil en acción.

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Unos metros después encuentro mi destino. Un portón forrado con figuras de plástico en colores patrios (verde, blanco y rojo) del que sobresale el título: “Rotonda de las Personas Ilustres”. Empecé a leer nombres conocidos, de aquellos personajes que me enseñaron en la primaria o preparatoria: Jaime Nuno y Francisco González Bocanegra, autores del Himno Nacional Mexicano que también, compartían la misma tumba; Jaime Torres Bodet, Antonio Caso y Ramón López Velarde, poetas y escritores de los que, pese a la insistencia de la maestra de Literatura por dedicarle una página a su vida, yo no recordaba ni una de sus obras… y tenía el descaro de pararme frente a sus restos; Siqueiros, resguardado en una tumba con la figura de Prometeo, hecha en bronce y dos metros de altura; Diego Rivera descansando tras una lápida de piedra en la que sobresalía su figura tallada en mármol y al lado, su clásico sello de alcatraces; Amado Nervo en una especie de carpa, abandonada, con techo de cristales en colores azul y ámbar; Sebastian Lerdo de Tejada, ex presidente de México del siglo XIX y quien tuvo la idea de hacer de esta zona un mausoleo, usando la más ostentosa de todas. Él, sentado en una estructura de mármol —como si fuera el monumento a Lincoln—, cuatro figuras de tamaño real habitando las esquinas: tres mujeres y un hombre como de la época romana, simbolizando el poder y la justicia de sus ideales; pero la tumba con más flores era la de Agustín Lara, el cantante y compositor cuya lápida sobresale por una figura de su rostro (que parece esculpida en oro) y atrás de éste surge una mano que arrulla a una mujer (pudiera ser su ex esposa a María Félix). Después de todo mi ignorancia no era tan mala. Al final, las personas ilustres estaban “allá” y sus huesos, detrás de esos bustos de bronce o mármol, son ellos los nos observaban mientras los observamos.

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Vestida de color negro, con cara pálida, sin maquillaje, pelo sin alaciar y ceño fruncido cumplo con la vestimenta de luto. Entro al verdadero panteón, el lugar en donde sí está la gente con sus flores en mano, donde se escuchan las primeras estrofas de “Amor Eterno” interpretada con la música de un acordeón. No sabía que un panteón tuviera sus propias calles, evidentemente las de éste tiene los nombres de aquellas figuras célebres por las que acabé en este lugar. Veo que a mi derecha la gente se dirige hacia una pileta para llenar sus cubetas con agua. Algunos sólo lo hacen en este día feriado y otros viven de eso.

A lo lejos se escuchan los gritos de la vendimia. Algo típico en los tianguis, el metro, las ferias y por lo visto, en este día. “¡De a diez, a DIez a DIEZ las papas, los chicharrones, el refresco y las aguas!”… También estaban a diez los ramitos de flores y las burbujas de jabón. Estás tumbas son tan diferentes a la Rotonda de las Personas Ilustres, no por ello de menor valor. Las más ostentosas simulan una mini-capilla con vitrales de la Virgen María y Jesús (siempre he pensado que eso es una acción inconsciente, como si eso fuera a salvar a las personas católicas del cielo y el infierno), otras son de azulejos, cemento, piedra y en algunos casos, sólo tierra. En el centro de la lápida, la gente forma un cruz con flores de Cempasúchil.

El lugar está lleno de tumbas seriadas 55112…, 55113…, 55114. Empiezo a notar que este no es un lugar lúgubre como lo hubiera pensado. Por un lado, veo a una familia, una mamá y un hijo adolescente, sentados en la tumba de su difunto. Si me acerco de más sé que invadiré su espacio así que permanezco distante. La señora saca unos platos como si fuera a poner la mesa, los refrescos y de un paquete unos tacos. Supongo que ya es más de medio día y es la hora de comer pues no son los únicos que le traen un festín a su pariente (o más bien que vienen a comerlo en su honor).

Son unos conceptos curiosos, los de honrar al muerto. En otra tumba observo a un grupo de gente mayor. Son 10 personas que oscilan entre los 70 y 80 años de edad. La mayoría tiene el pelo canoso y por alguna razón, tienen otra actitud. No sé si es porque ya están más cerca del “allá” que del “acá” pero ellos no vienen a llorar, ellos están ahí entonando una porra…“¡Chiquitibum bombita!, ¡Chiquitibum bombita!””…y para seguir la fiesta sin alcohol pero efusiva cambian la porra por la nostalgia de “Solamente una vez”, seguro Agustín Lara está contento de que su canción sea de las más escuchadas en este día. Y así, continúa mi recorrido.

Cada vez me alejo hacia al mundo de los vivos. Camino largas cuadras llenas de lotes, músicos norteños y mariachis ofreciendo canciones, de los puestos de la vendimia. Me alejo de la “Rotonda de las Personas Ilustres”, del camino lleno de pétalos de cempasúchil y de la carroza exhibida en la entrada. Salgo hacia el caos vial que implica Av. De los Constituyentes en una tarde de día feriado. Sí, mi ignorancia inicial quedó resuelta pero ahora me pregunto: ¿Cuántos años necesito para poder entonarle una canción sin lágrimas a mi ser perdido? ¿Para llevarle a su nicho ese pastel que compartíamos en su cumpleaños? ¿Para gritarle unas porras de felicidad por la vida que tuvo? ¿Para pensar (o dejar de soñar) que algún día volveré a abrazarla en otra vida? ¿Para ponerle un altar sin preguntarme en dónde está?…Cuántos años necesito para llegar a ese nivel de locura o sanación sin que duela su muerte.

Ahora entiendo porque la “Catrina” me sonrió burlonamente cuando me despedía del inframundo.

EL GIGANTE QUE LE TEME A LOS PEQUEÑOS. Por David Gavidia

DAVID GAVIDIA. Perú, 1983. Periodista. Hijo único. Escorpio. Hincha de Universitario de Deportes. Estudió la maestría de Literatura Peruana y Latinoamericana en la Universidad de San Marcos y ha publicado en diferentes medios de comunicación de su país. Vive en Lima. Odia las tarjetas de crédito.

 

 

 
EL GIGANTE QUE LE TEME A LOS PEQUEÑOS

Eliseo Arrieta, mide 2 metros 10, pesa 136 kilos, calza 54 y sigue creciendo. A sus 21 años, es el hombre más grande de Ayacucho, ciudad con un promedio de metro 60 de estatura. Llega a Lima y la prensa lo convierte en estrella fugaz de televisión. Esta es su historia.

Trabajo final de David Gavidia

 

 
Eliseo Arrieta no lo sabe, en unas horas se convertirá en estrella de televisión, pero eso será por la tarde. Ahora, en estos momentos, no.
Tiene 21 años, es huérfano de madre y campesino por necesidad. Ignora de cámaras digitales, luces en el rostro, maquillaje sobre la nariz ancha, chueca y porosa como papa amarilla. Lo suyo es el cielo celeste y las nubes blancas que flotan sobre los andes Ayacuchanos. Su vida, no tiene nada que ver con la firma de autógrafos y las miradas curiosas. Su mundo está en el alimento cotidiano: camote, chuño; y en un lugar para dormir: sobre un pellejo de carnero que usa como colchón. En las próximas 16 horas llegará por primera vez a Lima y su vida cambiará. Pasará del anonimato a la popularidad. Se convertirá en portada de diarios. Posará para una sesión de fotos con el más alto y el más enano del Perú. Se reunirá con la alcaldesa de Lima. Le dará de comer a una jirafa en el zoológico y, sonreirá tiernamente para la televisión, frente a miles de espectadores que lo mirarán con esa displicencia que solo le dan a los personajes con anomalías físicas: Eliseo Arrieta Águila mide 2 metros con 10 centímetros, pesa 136 kilos y calza 54. Le diagnosticarán Acromegalia. Los doctores temerán por su vida. La prensa lo bautizará como el “Gigante de Huanta”… Pero eso él, a las 10 con 32 de esta mañana, no lo sabe.
La historia comienza con un reportero de televisión que se deja llevar por el rumor. En la comunidad campesina Putacca-Pucacolpa, a ocho horas de Huanta, existiría un gigante temeroso de la gente. Un hombre de gran tamaño que es casto y que, en el colmo del pudor, orina entre los cerros tapándose el bulto más con vergüenza que con orgullo viril. En las imágenes emitidas por el reportaje de aquel domingo, el periodista Renzo Madrid llega hasta el lugar y está listo para confirmar la noticia. Se presenta ante las cámaras jadeante, cansado, con la misma expresión que usan los reporteros para hacer creer que sufren por lograr una exclusiva. Llega. Abre los ojos, habla como si le faltara el aire. Está a 3 mil metros de altura. Y ¡al fin!, mira a Eliseo sentado sobre una piedra. El periodista se sorprende. No le saca los ojos de encima. De arriba hacia abajo. De abajo hacia arriba. Todo es grabado milimétricamente. Se saludan.
– “Hola Eliseo… pero, ¡Qué Increíble!, mira esas manos… enséñalas”, le dice, guiando los dedos grandes y gordos y amoratados de Arrieta hacia la cámara. Luego los compara con los suyos. Parecen las manos de un padre con su hijo. Una encima de la otra. Momento Kodak. Debe ser registrado.
A esa hora el reportaje sobre Eliseo ya alcanzó los 16 puntos de rating en un canal que no supera los cinco. La conversación continúa. El Gigante –como ya comienzan a llamarlo- es monosilábico.
– ¡Vamos a Lima!. ¿Quieres conocer Lima?, le pregunta en medio de ese paisaje de cerros ariscos y secos, de cielo alto y despejado, de sol radiante, de poco verde y muchas ovejas.
– Sí. Pero se pueden burlar.
– ¿Quiénes? ¿La gente?
– Sí. Sí, porque soy alto.
– ¿Estás enfermo? ¿No te ha tratado un médico?
– Nada, nada.
– Piensas que tu enfermedad puede ser algo peor.
– Ajá. La cabeza me duele. Las rodillas.
Entonces inician el periplo que es transmitido paso a paso por señal abierta: Eliseo muestra su casa. Ingresa, agachando medio cuerpo, por una puerta tan estrecha como minúscula para llegar a una especie de almacén lleno de baldes y ollas viejas. Eliseo que se tira al suelo para mostrar cómo duerme sobre una piel de carnero. Eliseo que viaja en la tolva de una pick up. No entra en la cabina del chofer. Eliseo en Ayacucho recibiendo propina de un público que lo mira con sorpresa. Eliseo cambiando de look. Eliseo haciéndose la manicure, la pedicure y pidiendo que le regalen zapatos. Luego, un calmante para treparse al avión con destino a Lima. Su llegada triunfante. Y una escena final de él mirando el frío y plomizo mar del Pacífico, ese falso Caribe peruano de horizonte tan gigante como los sueños que –ahora sí- Eliseo Arrieta comienza a fabricar. Todo en plano contrapicado y con un soundtrack que bien encajaría en la película Forrest Gump. Un reportaje lacrimógeno que termina con el comentario de los conductores: “Conmovedor realmente. Vámonos a una pausa”.

 
A la mañana siguiente Eliseo Arrieta es portada de los diarios amarillos. “Gigante de Huanta llega a Lima y pide ayuda”. Es invitado a los programas de espectáculos y debe tolerar preguntas del tipo: “Y así de graaaande es tooooodo tu cuerpo”, lo que produce la carcajada del público y le genera una sonrisa nerviosa.
Eliseo no es un gigante. Ahora lo pienso, que me encuentro frente a él. 2 metros 10 puede medir un basquetbolista de la NBA. Y eso no lo convierte en un gigante. Sí en un tipo grande de rostro y extremidades muy anchas del ande peruano, donde el promedio de estatura no supera el metro 60. Seguro que eso llama la atención de la prensa nacional y extranjera, que ya le dedican reportajes con extensión de cortometraje.
Eliseo no encuentra ropa de su talla. Solo viste un buzo azul y una casaca del mismo color. Usa zapatos negros ortopédicos. En cuanto programa se presenta, solicita una casaca para soportar el frío húmedo de Lima. La ayuda no llega, pese a sus incontables pedidos. No hay XXL en las tiendas por departamento, suele ser la excusa. Pero en cambio, le han regalado un celular con televisor e Internet. Él, no sabe cómo usarlo. Tampoco tiene a quién llamar: es el tercero de cuatro hermanos dispersos en el campo, su madre murió víctima del terrorismo y su padre, con quien vive en Huanta, viaja a Satipo cada 15 días para cosechar y cultivar café. Ninguno tiene teléfono móvil.
A lo que Eliseo se acostumbró es a la buena comida. En la sierra tomaba sopa de chuño o almorzaba papa sancochada. En Lima, come seis panes con queso y dos tazas de quinua en el desayuno. La primera vez que llegó a un restaurante arrasó con un pollo a la brasa con papas fritas que bien podría ser consumido por cuatro personas.
– “No como mucho”, dice, avergonzado.
– “En realidad, come como para dos personas”, afirma una enfermera que lo tiene a su cuidado.
A los trece años Eliseo notó que crecía demasiado. Creyó que sería un tipo muy alto. Pero cuando le sacó dos cabezas a sus amigos y ellos se burlaban de él, decidió aislarse y refugiarse en su chacra. Se acostumbró a la soledad y a las pocas palabras. Se convirtió en un “gigante” acomplejado y con temor a los “pequeños”. Muy pendiente a las miradas que caían sobre él. Ahora en Lima, le toca enfrentar a este monstruo de miles de cabezas que es la capital del Perú. La adaptación parece difícil.
– ¿Te gusta Lima?
– Así es. Me quiero quedar acá. Acabar mi colegio.
Durante su primera semana también inició su tratamiento médico. Se le diagnosticó Acromegalia, ello provoca su gigantismo. Esta enfermedad nace debido a un tumor en la hipófisis y le genera el crecimiento exagerado de sus manos, pies, rostro y órganos vitales. A ello se suma una escoliosis lumbar por lo que su columna parece una gran S mayúscula. Sin mencionar la cadera no alineada, la pierna derecha chueca y un amasijo de várices que no le permiten caminar con normalidad por lo que debe usar bastón. Para evitar que siga creciendo deberán extraer el tumor con una operación al cerebro. “Hay que tener cuidado”, ha dicho el doctor Javier Marzano, quien tiene a su cargo el caso. La noticia fue recogida con tono necrológico: “Gigante de Huanta podría morir”.
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No hay mejor idea para levantar los ánimos del desfallecido que mostrándole casos extremos. De aquellos que aprendieron a convivir con las burlas y las miradas. Entonces, no hubo mejor idea que coordinar una producción fotográfica –a modo de visita motivacional- entre Eliseo y Fernando Del Águila, también conocido como “Largo”, uno de los peruanos más pequeños del país, con solo 96 centímetros. Y otra reunión con Margarito Machaguay, el más alto del Perú, con 2 metros 36 centímetros y que, hace 15 años, sufrió con el mismo acoso que ahora padece Eliseo.
La primera reunión es con Fernando Del Águila. El enano, otrora actor cómico de televisión y ahora vendedor ambulante llega al albergue donde se encuentra Eliseo. Lo hace vestido de doctor y con un estetoscopio tan grande que la campana toca el suelo.
– “Pero mira qué pequeñito, oye”, es la primera reacción de Eliseo.
La química es inmediata. Intercambian algunas palabras. Todo en quechua. Solo entiendo la palabra “siqui”, que significa “culo”. Supongo que hablan de las nalgas flacas de la enfermera. Es la primera vez que veo a Eliseo reír con cierta desenvoltura. Largo es un comediante de vieja data. Tiene unos 53 años y ha participado en exitosos programas de televisión. No está ajeno a la lisura y a la palomillada. Por eso, ha pedido al Gigante se acueste sobre una camilla y pose para las cámaras vestido como paciente de hospital. Largo se para sobre una silla y coloca el estetoscopio sobre el corazón de Eliseo. Ríen. Y los medios que fueron convocados para el encuentro buscan sus mejores ángulos. En unas horas el encuentro asaltará las webs, los diarios y los canales de televisión. El ánimo es fresco. Y ahora Largo, en castellano, le dice que todo saldrá bien, que la operación al cerebro es fácil, que no se asuste, que él mismo la podría hacer, pero que en estos momentos no tiene ni el serrucho, ni el tiempo, ni las ganas, por lo que debe volver al Centro de Lima a vender sus caramelos.
Días después del comentado encuentro, Eliseo descansó de tanto asedio. Se olvidó de los set de televisión. Pero la calma terminó pronto.
– Eliseo, Margarito llega a visitarte. Viene a Lima junto a su esposa y quiere pasear contigo. ¿Dónde quieres ir? ¿Al Parque de las Leyendas a ver animalitos?, le pregunta una periodista.
– Al Parque de las Leyendas será, pues.
Aquel sábado Margarito Machaguay llegó desde la ciudad amazónica de Bagua. Es un sujeto flaco y su rostro me hace recordar al de Anonymous, pero sin bigote. En sus brazos lleva tatuados un micrófono, porque es periodista y las iniciales de su nombre.
La cita se da en el Parque de las Leyendas, el zoológico más tradicional de Lima. El encuentro es un abrazo y el comparativo de estaturas es más que necesario para iniciar el show. Margarito es una cabeza más alto.
– Vaya, al fin puedo conversar con alguien mirándole de frente a los ojos; dice Margarito.
– Dirás con alguien que está a tu altura; agrega su esposa, que le llega a la cintura y usa taco alto.
– Si pues, señor; responde Eliseo.
Roto el protocolo del “hola, cómo éstas” y el “que Dios te bendiga”, ingresan al zoológico. Recorren sus pabellones. Previa coordinación entre la reportera y el jefe de marketing del Parque, Eliseo y Margarito son llevados al pabellón “Internacional”. En este lugar están los animales que solo se ven a través de la National Geographics: hipopótamos, cocodrilos, cebras y por supuesto, la jirafa Peggy, de cinco metros. Irónico espécimen para llevar a los peruanos más altos del país. De seguro, el sobrenombre de “jirafa” les cayó de golpe en algún triste momento de sus vidas.
– ¡Caramba! tremendo gigantón. ¡Mira ve! más grande que nosotros. ¡Qué bacán!. ¡Pasu machu!, ¡caramba!; dice Eliseo, rompiendo su habitual mutismo.
El cuidador de Peggy, un sujeto de mediana estatura pero acostumbrado a mirar hacia arriba, invita a los gigantes a ingresar a la jaula. Una sorpresa que no estaba en el guión pero que para las cámaras significa el traveling perfecto para llegar al clímax de la nota. Eliseo-Margarito-Peggy, juntos en una toma tierna y eficaz, rodeados de un público numeroso que les da vivas desde afuera de la jaula. Los tres son parte de un espectáculo, casi circense.
Ambos con sus manos le acercan la alfalfa al hocico. Peggy, saca su lengua áspera y muestra unos dientes amarillos y cuadrados. Toma el alimento y levanta el cuello hacia el cielo en una magistral parábola.
– ¡Pasu machu, qué bonito!. ¡Jaja!
A Eliseo se le ve feliz. Camina tranquilo por el interior de la jaula, que es una especie de gran pampón. No se cansa de darle alimento. El público aplaude.
– ¿Quieren conocer más animales?, les preguntan.
– Claro queremos conocer más animales; responde Eliseo.
Los llevan a la jaula de la Tortuga gigante.
Aquella mañana pasearon en botes, comieron pasteles y Eliseo tuvo un encuentro con la alcaldesa de Lima Susana Villarán, quien prometió ayudarle a conseguir trabajo. Él le comentó que quería culminar el colegio y había decidido estudiar ingeniería. Que quería hacer carreteras para su pueblo y una suma de sueños que se habían activado cuando él y su soledad arribaron a Lima.
Pasaron las semanas y Eliseo se convirtió en noticia de ayer, de ser portada en los diarios se transformó en una nota breve de 500 caracteres. Los canales se olvidaron de darle seguimiento al caso y ya no obtuvo la mención de semanas atrás. Se acabaron sus 15 minutos de fama. Las enfermeras que velan por su salud comentan que Eliseo se ha convertido en un sujeto más comunicativo y es el engreído del albergue en donde se encuentra. Pero todavía es muy tímido, y mucho más cuando le hablan de amor. Aun así no logra romper con su dificultad de mirar hacia abajo para comprender el mensaje oculto que llevan los ojos de sus interlocutores. Es difícil para él que estuvo tan alejado al afecto y la atención. Todavía agacha la cabeza cuando le hablan. Más si tiene un micrófono delante de él. Su lucha por romper las barreras de ser tan grande en un país de estatura promedio continúa. Es el gigante más enano del Perú, y no solo nos referimos a su tamaño, sino a esa capacidad que tenemos para hacer pequeño al más noble de todos los gigantes. Pero eso él, todavía no lo sabe.