“DE BALAS, VÍCTIMAS Y NARCOMENUDEO”, por Roberto Medina

ROBERTO MEDINA (MÉXICO) Es originario de Guadalajara, Jalisco. Desde principios de 2011 se desempeña como reportero y editor del periódico El Informador. Antes estuvo involucrado con la edición periodística en la web. Es seguidor y a la vez aprendiz de los cronistas latinoamericanos.


 

DE BALAS, VÍCTIMAS Y MENUDEO 

Israel y Cándido estuvieron cerca de engrosar la lista de víctimas colaterales que hoy en día impera en México. Muestra de que bastan uno, dos, tres balazos para convertirse en parte de una estadística

Trabajo final de Roberto Medina

1

Lo último que Israel pudo ver con claridad la noche del 1 de junio antes de que una bala se impactara contra su cráneo fueron los goles de Giovani dos Santos y Aldo de Nigris.

Sólo pudo hacer lo que la inercia manda: caer al suelo. Cándido, su tío y espectador del mismo partido, imitó el movimiento tras recibir una bala que le atravesó por debajo del hombro y otra más que estuvo cerca de darle de lleno en la yugular.

Jimena, al igual que su madre, tuvo mejor suerte. Con apenas ocho años, pudo resguardarse de las dos manos armadas que asomaron por la rendija de la vinatería Cipress, en la colonia de El Fresno, y jalaron el gatillo en varias ocasiones; tan sólo la televisión en donde la Selección Mexicana venció a Nueva Zelanda por 3-0 tenía tres impactos.

A Jimena la herida le entró por los oídos y los ojos. Ocho años no son suficientes para escuchar esas detonaciones ni para ver a tu padre tendido en el suelo.

A César le faltó valor pero le sobraron palabras. Escondido detrás del refrigerador, sólo atinaba a gritarle a Rocío, madre de Jimena, que se asomara a ver quién estaba tirando.

Las detonaciones cesan. Las sirenas cantan. En tan sólo unos segundos, un nuevo acto de violencia en México se consumó, y la lista que suma más de 50 mil muertos desde que el presidente Felipe Calderón declaró la guerra al narcotráfico en 2006, está cerca de agregar más números.

Al siguiente día, cuando la familia cuente lo que pasó, Cándido estará bebiendo una cerveza. Israel, aún en estado de conciencia, sube a la ambulancia.

2

El doctor Medina está en su posición habitual: manos atrás de la nuca y la espalda abandonada en el extremo del sillón que lo deja frente al televisor. Hace unos minutos que vio ganar a la Selección Mexicana y ahora navega por la oferta televisiva que le ofrece el servicio de cable.

El celular, un motorola color oro que conserva desde hace siete años, rompe la calma:

– Que pasó compadre- responde tras ver el identificador de llamadas.

– Compadre, ¿conoce algún neurólogo que me pueda recomendar ahorita?

– ¿Por qué compadre?

– Le dispararon a Israel –hijo de Manuel, el compadre que habla con el doctor Medina– y a Cándido. A Israel le dieron en la cabeza.

El doctor se levanta del sillón y sale de la casa con el celular pegado al oído derecho. Afuera, cobijado por el leve viento que acompaña a la noche, termina la llamada:

– Déjame ver a quién te consigo ahorita compadre, te marco…

Tres intentos. Quince minutos. El doctor insiste hasta que un neurólogo, conocido de un colega, decide tomar el caso y operar a Israel cuanto antes en un hospital privado.

La noche avanza. El doctor, parado en la recepción del hospital, constata en su reloj que ha pasado casi media hora desde que su compadre Manuel le dijo que la ambulancia se dirigía hacia allá.

En estados donde el narco parece el gobierno de facto, como Chihuahua, Nuevo León y Tamaulipas, se han presentado casos en los que los sicarios ultiman a su víctima cuando es transportada hacia la atención médica. Pero Israel llega al hospital. La sirena deja de cantar y abren las puertas de la ambulancia.

Israel, acostado en la camilla, con los ojos abiertos, aún en estado de conciencia, está por enfrentar una operación que llegará a las cinco horas.

 

3

 

Dos de junio. Tarde

 

A sus más de 80 años, doña María tiene la vitalidad que envidian la mayoría de sus 12 hijos. Todos los días se levanta a más tardar a las 7:00 horas para barrer, trapear, lavar, regar plantas y hacer todas las labores que la casa exige.

Pero hoy, doña María apenas puede mantenerse de pie. En sus mejillas las lágrimas juegan a resbalarse y caer sobre el piso de la cocina. Apenas trece horas antes un atentado en contra de su hijo menor y uno de sus nietos marcó la mayor tragedia de la familia Polanco en los años recientes.

A las 14:00 horas la casa ubicada en el céntrico barrio de Santa Tere, en Guadalajara, hace de punto de reunión. Desde la cochera hasta la habitación más remota de esa construcción antigua y de un color beige percudido, se habla sólo del acto que pareciera planificado por uno de los hijos de don Vito Corleone.

Doña María encuentra consuelo en los brazos de su hijo Cándido. Contrario a Israel, que en ese momento está en terapia intensiva, Cándido sólo necesitó curaciones en las dos heridas causadas por los pistoleros. Tras dejar la cerveza en el pretil, abraza a su madre y, ante los gemidos incesantes, atina a decir:

Tranquila ma’,  yo ya estoy bien. Israel ahorita ya pasó lo más difícil. No hay que mortificarse.

Doña María sólo responde “sí” repetidamente. Los gemidos cesan. Recupera la compostura y sale de la cocina para mostrándose lo más entera que la situación le permite.

Día

La especulación está en el aire. Una de las escenas de las aventuras de Sherlock Holmes es comparable con la que en ese momento desarrollan en la sala el doctor Medina, su esposa, y doña María.

Ninguno de los tres tiene una idea de tareas de peritaje, y mucho menos de métodos criminológicos más sofisticados, pero insisten en encontrar el móvil del crimen.

Apenas unos minutos atrás, el doctor Medina, echando mano de su experiencia para dar malas noticias, notificó a doña María que a su hijo y a su nieto los atacaron por la noche en la vinatería en la que acostumbran pasar el rato comiendo tacos y bebiendo cerveza.

Aún no es momento de gemidos y llantos. Doña María desconoce los motivos de los pistoleros, pero de algo no tiene duda:

– De seguro iban por el cabrón de César.

El doctor Medina, habitante de la casa que será el punto de reunión familiar durante por lo menos una semana, y su esposa, no se atreven a contradecirla.

– Pues es lo más seguro –dice el doctor–, pero hay que esperar como avanzan las cosas. Lo más importante ahorita es la evolución que vaya teniendo Israel.

Como tratando de convencerse a sí misma, doña María insiste en que de seguro César, esposo de una de sus hijas, era el objetivo de los pistoleros.

 

4

 

César

César Torres Zapata es el dueño de la vinatería Cipress, ubicada en la calle Mezquite #1468, en la colonia de El Fresno. Desde hace algunos años comenzó con un negocio de decoración que hasta el momento le ha permitido adquirir una camioneta Lincoln y un automóvil BMW de modelo reciente, además de por lo menos un par de casas de dos habitaciones. Esto pese a que la queja constante es que “casi no hay trabajo”.

Desde 2009 echó a andar la vinatería. El rumor constante entre sus allegados es que de ahí entran y salen personas relacionadas con el narcomenudeo, actividad ilícita que es común en la colonia de El Fresno, caracterizada por la violencia constante.

A nivel nacional el narcomenudeo queda en segundo plano. La apuesta del gobierno en turno es ir tras los grandes capos de la droga; así fue el caso de Arturo Beltrán Leyva, líder del cártel de los Beltrán Leyva y que fue abatido por la Marina en diciembre de 2009; también está la historia de Ignacio “Nacho” Coronel, uno de los líderes del cártel de Sinaloa y que fue ultimado por el Ejército en julio de 2010.

Una de las personas que tenía contacto con el negocio, que presuntamente sirve como camuflaje para la venta de droga, es Gustavo Adolfo Díaz de la Torre, cuñado de César y que recientemente protagonizó una de las historias del crimen que más impacto tuvo en la sociedad jalisciense.

Díaz de la Torre era señalado por las autoridades como el presunto líder de narcomenudistas de la zona. El 11 de enero del presente año, mientras se encontraba en una tienda ubicada en el cruce de las calles Encino y Fresno, tres sujetos armados entraron al negocio y abrieron fuego contra su persona, provocándole heridas de gravedad en brazos, piernas y abdomen que terminaron por quitarle la vida el 20 de enero.

En el acto, murieron dos menores de edad que también estaban al interior de la tienda; eran hermanas, una apenas tenía ocho años y la otra 12.

Por estos actos es que la familia enfocó sus especulaciones y juicios hacia César, quien fue el único que no acudió a la casa del doctor durante los días posteriores al atentado.

5

 

Israel

Está sentado en el mismo extremo del sillón en el cual el doctor Medina recibió la noticia del atentado. Tiene una barba negra que parece no haber cortado en una semana.

Israel vive. Quizá en cualquier situación se sentiría satisfecho – ¿Cuántos han sobrevivido a un balazo en la cabeza? – pero los rastros visibles se reducen a dos: unos ojos de mapache, producto de la hinchazón que se le presentó en los párpados en los cinco días que estuvo en terapia intensiva tras la operación. El otro rasgo, el más significativo, lo cubre con un sombrero que denuncia la vanidad que ha llevado como estandarte toda su vida: en la parte derecha de la cabeza, en la cual el cráneo fue dañado por la bala, carece de cabello y también de hueso.

Patricia, madre de Israel y de otros cuatro hijos que también están en la sala en ese momento, explica que a dos semanas del balazo, no lo ha visto con problemas para caminar, pero a veces nota su mirada perdida, como si en lapsos no reconociera dónde se encuentra.

Hora de irse. Israel se levanta sin aparente dificultad. No podrá manejar, trabajar, tener sexo –sacrificio intenso para quien es distinguido por su variedad de experiencias sexuales– levantar cosas pesadas ni salir con continuidad a la calle. Pero parece no importarle, porque la sonrisa de quien ha hecho una travesura infantil que lo caracteriza también sobrevivió al quirófano.

6

 

Punto y aparte

Han pasado casi tres meses desde que otro acto de violencia se consumó en la colonia de El Fresno. La familia, sin censurar el tema, habla a cuentagotas de él.

Judicialmente, el caso queda para el largo catálogo de impunidad que envuelve al país –según un análisis del Instituto Tecnológico de Monterrey, el 98.5% de los delitos quedan sin resolver– gracias, en parte, a la ineptitud y complicidad con el crimen de la policía y los jueces en todos sus niveles.

Médicamente Israel progresa. Para octubre le estarán colocando una placa de titanio para suplir el pedazo de cráneo que la bala afectó.

Tan caduco está el tema en el núcleo familiar, que otra vez los negocios de César pasan a ser parte de los rumores que se hablan en voz tan baja que quizá el receptor siquiera pueda escucharlos.

Todos los programas sociales que en últimas fechas se anunciaron para la colonia de El Fresno dejaron de ser nota. De lo que existe la certeza es que pronto, quizá en este mismo momento, el narcomenudeo cobrará otras víctimas colaterales.

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