EL SILENCIO DE PAULA. Por Camilo Olarte Cortés

CAMILO OLARTE CORTÉS (México). Soy periodista porque elegí no aburrirme. El oficio me atrapó tarde, cuando ya tenía más 30 años, una carrera y muchas cosas más que me decían se necesitaban para ser feliz. En un acto anacrónico y tal vez irresponsable, dejé todo lo que había construido para empezar tardíamente el camino del periodismo narrativo que hoy me llena de historias y millas recorridas.

 

 

 

EL SILENCIO DE PAULA

Carlos Moreno López es el padre de Paula, una de las 700 víctimas del secuestro que se contabilizaron el año pasado en México. En agosto , ante la frustración de los pocos resultados decidió romper el silencio para exigir públicamente a las autoridades y a la delincuencia el regreso de su hija. La campaña ha movilizado una ciudad completa y ha puesto a las autoridades en jaque.

Trabajo final de Camilo Olarte Cortés

 

 

Carlos Moreno no llora. Tal vez se olvidó cómo hacerlo cuando tenía 8 años y su padre fue asesinado. No lloró hace 15, cuando un infarto se llevó a uno de sus hijos, y no se lo puede permitir ahora, cuando tiene 70 años y lidera la campaña por la búsqueda de su hija Paula, desaparecida hace 12 meses en la ciudad de Oaxaca.

-Sí, señora Soto, buenos días. ¿me quiere hablar de la desaparición de mi hija?. ¿Una casa de seguridad, dos hombres y una mujer? Ajá, sí. Ándele, le agradezco su atención y su tiempo. Veámonos en la tarde aquí en mi oficina.

Esa es la fría respuesta a una de las llamadas telefónicas que recibe todos los días. En esta ocasión se trata de una bruja que le pide 50,000 pesos mexicanos para ayudarlo; por adelantado.
-Algunas de las personas genuinamente nos quieren ayudar pero también recibimos llamadas de gente que solo nos quiere extorsionar. Dice Carlos con una voz pausada y profunda.

El abogado Carlos Moreno López es un oaxaqueño recio y fuerte; de piel templada y cuerpo nervudo que mira siempre de frente, a los ojos. Su apariencia es la de un hombre de unos 20 años menos. Todos las mañanas, de 7 a 10, desde que tiene memoria, hace ejercicio. Inclusive el día siguiente al secuestro de Paula. Es su único escape temporal, su única manera de sobrellevar esta situación. Ha practicado casi cualquier deporte extremo -fue alpinista, ciclomontañista, motociclista.- pero hoy solo corre y hace spinning. Un accidente en moto le dejó una placa de titanio en las cervicales y otro casi lo deja cojeando de por vida o al menos eso le habían dicho los médicos. Pero el parece resistirlo todo. Se desencaja, se deprime, pero resiste.

Su oficina está ubicada en el centro de la ciudad, a pocas calles de donde su hija Paula, abogada de 43 años, fue secuestrada hace 12 meses. Las paredes son una gran biblioteca llenas decódigos penales, expedientes, obras clásicas de la literatura. Un solo cuadro adorna la oficina: un retrato fotográfico en blanco y negro de su padre. En una ciudad donde nadie usa traje el se distingue por su pulcritud: camisa azul almidonada, corbata de seda, manos y uñas perfectamente cuidadas. Cada palabra, así como sus emociones, parecen estar medidas. Hasta cuando habla de las autoridades. De la ineficacia de la Procuraduría Estatal por encontrar a su hija. De la falta de recursos de la policía y lo mal pagadas que están por parte de un estado al que acusa como cómplice indirecto.

– Mi papá tiene muchos huevos. El no para. Nunca. -Dice Mariana, de 35 años. La menor de sus hijas y heredera de su fortaleza. Una diseñadora gráfica y de interiores que hoy dedica la gran mayoría de su tiempo a la campaña.

Después de varios meses de silencio, en agosto del 2011, cuando los captores abandonaron las llamadas, la familia decidió romper el silencio y mover cielo y tierra para encontrar a Paula. Hoy la ciudad se encuentra tapizada con su rostro.

-El hacer público esto implica poner en riesgo a mi hija. Yo asumo toda la responsabilidad. Yo soy el único responsable. Mis hijos no, mi familia no. Yo ya no podía seguir esperando.

Cuando habla de Paula o de Alejandro -su hijo fallecido hace 15 años de un infarto mientras jugaba fútbol- sus defensas se activan. Expira profundo, casi interminablemente para mantener su aplomo que lo hace parecer casi invulnerable. Se aclara la garganta, se acaricia una mano con la otra y dice.
– A mi me ha pasado de todo en esta vida, pero esto, es lo peor.

 

***

El viernes 4 de febrero del 2011 era un día soleado, de cielo azul pero frío como son las mañanas de invierno en Oaxaca. A las 8:30 am Mariana, terminaba de arreglar su maleta cuando vio pasar a su hermana, vestida de blanco, lista para salir. Las dos vivían con su madre hace algunos años. El día siguiente empezaba un puente, y Paula iba a viajar a la playa con su familia; Mariana iba a hacer lo mismo pero con sus amigos.

Hace años Paula decidió no casarse, y desde que murió su hermano se había convertido en el gran soporte para su madre. Mariana la describe como una mujer fuerte, con un gran sentido del humor y una franqueza a toda prueba. Hace 6 años abrió un despacho de abogacía con Arturo de León Calvo, un amigo de la familia que llevaba mucho tiempo trabajando para su padre. Su tiempo lo pasaba entre su trabajo, sus grandes amigos, pero sobretodo dedicada a su familia.

Paula se despidió esa mañana y le explicó a su madre que ese día, a diferencia de la mayoría, sí llevaría su auto a la oficina: un Audi de color rojo. Arturo acostumbraba pasar por ella pero no ese día. Paula planeaba cerrar algunos pendientes y después salir de compras para atender en el camino hacia la playa a los dos grandes amores de su vida: los hijos de su hermana Ángeles que en ese momento tenían 12 y 10 años. Nunca llegó a su despacho.

Lo que pasó después de esa hora con Paula es incierto. A las 11 de la mañana, Arturo llamó alterado porque su socia no había llegado. A pesar de que habían pasado menos de tres horas parecía seguro que alguien se la había llevado. Carlos Moreno padre, recibió la llamada con extrañeza. No había razón para alterarse tanto, pero su tranquilidad habitual se disolvió en las siguientes horas. Los integrantes de la familia que ya había emprendido el viaje regresaron inmediatamente. El carro de Paula fue encontrado en Zimatlán, en las afueras de Oaxaca, con una ventana rota pero sin signos de violencia.

Días después Arturo de León recibió una primera llamada de los captores. A esa primera, le siguieron once más hasta que cesaron, unos meses después, cuando éste les exigió violentamente que necesitaba oír la voz de Paula. Solo de esa última llamada quedó un registro grabado. Por más intentos que hizo la familia jamás logró negociar directamente con los secuestradores. Desde la fecha de su desaparición nadie ha oído la voz de Paula.

El caso que al principio manejó la Procuraduría del Estado, en manos de Manuel de Jesús López, no avanzaba y los resultados eran prácticamente nulos. En estos largos meses que para la familia fueron los peores, la procuraduría demostraba su falta de recursos además de un trato indiferente y cruel hacia la familia. En julio, cuando cesaron las llamadas, la familia decide romper el silencio a pesar de las muchas voces que les decían que lo más conveniente era esperar.

El 15 de agosto la familia Moreno ofreció una rueda de prensa en la que convocaron a una marcha para el 21 del mismo mes. Entre amigos de la familia, gente solidaria y personas con historias anónimas de desaparecidos que vieron en ese momento su oportunidad de ser escuchadas, más de 2000 personas marcharon por las calles de Oaxaca. La campaña de comunicación llamada “Ayúdanos a encontrar a Paula” ha movilizado a la ciudad como nunca se había visto antes.

Al final de la marcha, Carlos Moreno, encima de un camión, demostrando una fuerza inverosímil para su edad, propuso la organización del Consejo Ciudadano para la Prevención de la Extorsión y el Secuestro. Desde entonces el rostro de Paula y su nombre son parte de la cotidianidad de la ciudad.

– Es un compromiso que esto no les pase a los demás. El silencio es perjudicial para todos. Dice Carlos.

Los primeros resultados de la campaña se dieron inmediatamente. La procuraduría General de la República decidió atraer el caso, lo que ha representado para la familia un gran avance aunque sin ningún resultado concreto hasta ahora. En la Procuraduría del Estado tambaleó el puesto del procurador y hubo cambios importantes en los mandos de la subprocuraduría de Atención de Delitos de Alto Impacto.

 

***

 

Mariana si llora.

– A nosotros nos ha tocado muy duro. A veces dices, “puta madre, estamos muertos. Se fue el año.” Mi vida se quedó ese 4 de febrero. De repente vas caminando y te das cuenta que ya es verano. Ves como la gente vive pero tu ya no vives. ¿A que hora pasó todo el año?- Dice Mariana sin tratar de contenerse. Al igual que su familia vive condenada a la zozobra hace más de un año.

Antes de la muerte de Alejandro, el matrimonio de Carlos Moreno López y Sabina Gómez Álvarez, tenía seis hijos. Ángeles es la mayor y madre de dos niños. Le siguen Paula, Carlos Jr , Sabina –madre de una nena de tres años, y Mariana. Todos se parecen a su padre en la fortaleza inquebrantable y en su franqueza de lenguaje.
–Somos cabronas si nos toca, dice Mariana.

Y les ha tocado serlo. Todas las semanas se reúnen con algunas de las mejores amigas de Paula para repartir volantes en cualquier rincón de la ciudad. Desafiando su seguridad y con una metodología perfeccionada a través de los meses, pegan carteles en postes, muros, establecimientos y hablan con la gente. La esperanza es, algún día, toparse con alguien que sepa algo.

Se han repartido más de un millón de volantes. El rosa mexicano que Mariana escogió para la campaña ha inundado la ciudad. Todo el material ha sido de donado por amigos o gente que ni siquiera los conoce: pendones, medallones para vehículos, volantes, carteles, espectaculares, pulseras, camisetas. Se han visto carteles en ciudades como Veracruz, Puebla y el Distrito Federal. Muchas veces no se explican cómo han llegado hasta allá. En facebook casi 10,000 personas siguen la página “Encontremos a Paula”.

– Lo que de verdad me duele son los niños. Está muy cabrón que a esa edad tengan que saber que el mundo es tan jodido. Dice Mariana, y confiesa que a veces ellos son la única razón que encuentran para seguir luchando.

Varios miembros de la familia sufren de depresión clínica y algunos tienen que estar medicados. Tratan de llevar una vida normal dentro de sus profesiones pero sin dejar de trabajar un sólo día en la campaña. Katia, la única hermana de Carlos, y la segunda madre de la familia tuvo un infarto cerebral un mes después del secuestro y hoy se encuentra en silla de ruedas. Todavía se está recuperando. Trata de preguntar sobre Paula, pero no se atreve.

La abuela de Paula y madre de Carlos es una mujer lúcida de 86 años, y se ha convertido en uno de los pilares para toda la familia. Está totalmente segura que Paula va a regresar.

 

***

 

El secuestro en México ha aumentado más de un 300 % durante el gobierno de Felipe Calderón -se dice que sólo el 10 % de los casos son reportados a las autoridades-. Y sigue subiendo. El informe preparado por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad (SESNP) registró en el 2011 un aumento del 6 % respecto a las cifras registradas en el 2010. Oaxaca, un estado que hace dos décadas era completamente inmune a este tipo de crímenes, se ha visto profundamente afectado por la espiral de violencia que se vive en el país.

El 22 de enero de 2010 a las 12:30 del día, Jackelina Jiménez, maestra de primaria en el municipio de San Juan Bautista Cuicatlán fue vista por última vez. Salió de una reunión de maestros y se dirigía a un depósito para comprar un material de construcción que necesitaba para terminar el segundo piso de su vivienda. Nunca llegó. Hoy no hay ningún detenido y las pocas líneas de investigación se han diluido en los escritorios de la Procuraduría del Estado.

Edgar Jimenez, de 20 años, y el mayor de tres hijos de la desaparecida sigue luchando por ser escuchado. Tuvo que dejar sus estudios para trabajar en la plaza de profesor de su madre. La familia Moreno le ha ayudado con sus contactos y con material gráfico que Edgar diariamente reparte. Este caso, como muchos otros, ni siquiera es contabilizado como secuestro.

El 14 de marzo de este mismo año el profesor Carlos René Román Salazar desapareció. En este caso, que al parecer es un caso político, y a pesar de que los esfuerzos de la procuraduría parecen ser mucho mayores que los que se le dedican un ciudadano común y corriente, los resultados también han sido nulos.

La iniciativa ciudadana que persigue Carlos Moreno y su consejo ciudadano no es nueva en México. Isabel Miranda de Wallace, Javier Sicilia, Maria Helena Morera, Alejandro Martí son algunas de las víctimas invisibles –así se les denomina a las personas que sufren los efectos del crimen pero que no se registran ni se miden – que se han convertido en activistas. En muchos de estos casos las razones se han politizado o se han utilizado políticamente por otros. Algo que Carlos Moreno quiere evitar a toda costa

Ante la debilidad del gobierno y las instituciones y la indiferencia al dolor de las víctimas invisibles la ciudadanía ha tenido que asumir un papel que no le pertenece ni le debería pertenecer. En algunos casos como el de Isabel Miranda de Wallace ha llegado al nivel de tener que cumplir funciones policiales para investigar e ir por los delincuentes con sus propios medios para obtener algún resultado.

El gobierno de Gabino Cué, en el estado de Oaxaca, ha mostrado algunos avances en seguridad. Sin embargo la mayoría de casos siguen en la impunidad y las víctimas siguen esperando que sus casos no se queden traspapelados en la ineficiencia y la desidia burocrática; que su sufrimiento sea por fin, respetado.

 

***

 

-En estos días que hace frío y que yo estoy en mi casa a toda madre me pregunto, “será que mi hermana tiene una cobija con que taparse. Mi hermana que es tan femenina tendrá como cortarse las uñas.” Dice Mariana.

Edgar Jiménez , ni siquiera tiene tiempo de preguntarse nada. Espera que un milagro le traiga de vuelta a su madre mientras trabaja para sacar adelante a sus dos hermanos y sigue buscando con los pocos recursos que cuenta. Mientras mendiga que alguien lo oiga o le eche una mano espera algún día poder terminar el segundo piso de su casa.

Pasa el tiempo y la imagen de Paula se diluye en los medios. Están a punto de llegar las elecciones y el rostro de Paula corre el peligro de perderse entre las imágenes de los candidatos que seguramente inundarán la ciudad. Mientras tanto, Carlos Moreno sigue armando el consejo ciudadano, presiona a las autoridades, investiga por su cuenta y prepara una segunda marcha que no sabe cuando se realizará. La familia entera sigue trabajando de sol a sol, aunque hay instantes en que las oraciones y los pensamientos se destiemplan y el verbo en pasado se cuela entre las palabras como un viento helado que lacera una piel demasiado sensible.

 

 

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